En el estudio Equidad y movilidad social, realizado por la Universidad de los Andes y el Departamento Nacional de Planeación, se establece que existe una brecha salarial y las mujeres reciben menos ingresos que los hombres por cada año educativo. En el primer empleo, los hombres ganan un 25 por ciento más que las mujeres, aunque la tasa de empleo femenina es cinco puntos mayor que la masculina. 

Si las mujeres ganan menos, ¿por qué gastan más?

En 1972 una mujer de apellido L’Oréal lanzó uno de los eslóganes más famosos de la historia, “Porque yo lo valgo”. Su objetivo era justificar el precio de los tintes de cabello de esta marca, frente a los de sus competidores, y desde entonces es una frase que simboliza el gasto extra que realizan las mujeres para verse bellas y sentirse bien. “Porque yo lo valgo” ya cumplió 40 años y aunque la posición de estas ha cambiado, el costo de ser mujer sigue siendo elevado. 

Hay ciertos productos en el mercado de uso exclusivo femenino. Las toallas higiénicas y tampones son un gasto continuo. Se calcula que una mujer tiene alrededor de 500 periodos en sus años reproductivos y necesita de 11.000 elementos sanitarios a lo largo su vida. Cuando el costo de un tampón promedia los 1.000 pesos, esto se vuelve una suma significativa.

En otros países, como Inglaterra, los tampones tienen además un impuesto de lujo. Muchas inglesas han tomado la controvertida decisión de detener sus periodos por medio del uso continuo de anticonceptivos orales, incluidos gratuitamente en el Sistema Nacional de Salud. En el mundo se están creando y promoviendo nuevos implementos para controlar el flujo menstrual, como toallas higiénicas reutilizables o la copa menstrual, que tienen un costo inferior, comparado con el de los productos desechables.

Además de estos artículos de consumo primario, existen otras industrias del cuidado personal promocionadas exclusivamente para la población femenina, como los protectores diarios y duchas vaginales. El mercado de jabones íntimos, por ejemplo, ha ido en aumento en el país desde 2006, con mayor entrada de marcas y ventas. Estos productos oscilan en el mercado entre 13.000 y 30.000 pesos por envase.

Existen otros mercados en los cuales el gasto femenino representa un importante porcentaje de las ventas. Las mujeres invierten más tiempo y dinero que los hombres en productos de belleza, cosméticos, cremas y vestuario. Un estudio realizado en Estados Unidos por The Today Show y AOL descubrió que las mujeres gastan alrededor de 55 minutos al día en su apariencia, mientras que los hombres gastan 39. 

Isaac Nessim, presentador de televisión y asesor de imagen empresarial, explica que “adquirir productos de belleza es una necesidad principal para calcular cómo nos vemos y cómo queremos que nos vean”. 

Para muchas la apariencia no es una decisión sino una necesidad. Nessim explica que en Colombia, por ejemplo, una mujer promedio se puede gastar desde 50.000 hasta 400.000 pesos en solo servicios básicos de cuidado personal, mientras que en servicios especializados este rango puede ser superior a los 300.000 pesos. Según un estudio realizado por EAE Business School de España, durante 2013 se realizó un gasto de 167 millones de euros en solo maquillaje en Colombia. El costo de estos elementos crea, poco a poco, desigualdad entre las mujeres que pueden invertir en su apariencia y cuidados personales, y quienes no tienen esta capacidad adquisitiva. 

Además, ellas no solo gastan más en ciertos productos, sino que se les cobra extra por un artículo que difiere del promocionado para hombres en solo olor o color. A esta discrepancia de precios se le conoce como el ‘impuesto rosa’ y estudios hechos en Estados Unidos afirman que este sesgo puede costarle alrededor de 1.300 dólares al año a cada mujer. 

A nivel mundial, los desodorantes promocionados para mujeres, por ejemplo, son más costosos que la versión masculina del mismo. Esto se ve también en cuchillas de afeitar, jabones y colonias, entre otros. En países como Francia se afirma que el ‘impuesto rosa’ afecta, incluso, servicios como lavandería, talleres mecánicos y tasas de interés en préstamos. Uno de los ejemplos más claros se vio en 2012 cuando la compañía Bic lanzó un bolígrafo para mujeres que cuesta hasta 70 por ciento más que un bolígrafo corriente de la misma marca, lo que llevó a la comediante Ellen Degeneres a burlarse del producto. 

En Francia un grupo de feministas denunció esta discriminación en los precios con una campaña llamada Woman Tax que ha recogido más de 40.000 firmas y tiene el apoyo de Pascale Boistard, Secretaria de Estado para los Derechos de las Mujeres. Tim Worstall, colaborador de la revista Forbes, cree que esto no se puede solucionar con políticas y afirmó en una de sus columnas que se ha comprobado que “las mujeres están dispuestas a pagar más por cuchillas rosadas que los hombres por azules” y mientras esto no cambie, el ‘impuesto rosa’ continuará. 

El “Porque yo lo valgo” de los años setentas se ha traducido en la actualidad en un privilegio que se paga caro.

Fuente: Revista Semana